El cevichocho con cushuro es uno de los platos frescos más representativos de la gastronomía altoandina. Su preparación combina dos ingredientes fundamentales para los pueblos de altura: el chocho (tarwi tratado para eliminar su amargor) y el cushuro o llullucha, un alga esférica que crece en lagunas altoandinas ubicadas entre los 3,500 y 4,500 m s. n. m.
Este plato es apreciado por su frescura, valor nutricional y bajo costo. En los últimos años ha llamado la atención de investigadores y chefs debido a sus propiedades alimenticias y a su origen ancestral.
Historia y Origen
El cushuro, conocido también como llullucha, es un alga del género Nostoc que los pobladores andinos han recolectado por siglos. Diversas investigaciones antropológicas señalan que su uso alimentario se remonta a sociedades preincaicas, especialmente en regiones como Huancavelica, Ayacucho, Junín y Puno. Su consumo estaba ligado a temporadas de lluvia, cuando las lagunas y bofedales se llenaban y el cushuro crecía en abundancia.
El chocho, por su parte, es una variedad de tarwi o lupino andino. Para volverlo comestible, los pobladores desarrollaron un proceso de remojo y lavado prolongado que elimina los alcaloides amargos. Desde tiempos prehispánicos fue una fuente clave de proteína vegetal.
La combinación de ambos productos dio lugar al llamado “ceviche serrano”, una adaptación andina influenciada por técnicas del ceviche costeño, pero utilizando ingredientes nativos disponibles en zonas altoandinas. Se popularizó especialmente en mercados locales, ferias y comunidades dedicadas a la agricultura y el pastoreo.

Valor Nutricional
Cushuro (llullucha):
- Alto contenido de proteínas (alrededor de 30% en base seca).
- Rico en minerales: calcio, hierro, zinc y fósforo.
- Contiene vitaminas del complejo B.
- Conocido por su aporte de fibra soluble y alta biodisponibilidad de minerales.
Chocho:
- Contiene entre 40% y 50% de proteína vegetal.
- Bajo índice glucémico.
- Buena fuente de omega 3 y omega 6.
- Aporta energía de manera sostenida, ideal para la altura.
Esta combinación convierte al cevichocho con cushuro en un plato funcional, completo y equilibrado, recomendado para dietas saludables y para personas que buscan alternativas vegetales de alto valor nutricional.
Ingredientes (4 porciones)
- 2 tazas de chocho cocido y previamente desalado
- 1 taza de cushuro fresco, lavado
- 1 cebolla roja cortada en pluma fina
- 2 tomates en cubos pequeños
- 1 rocoto picado finamente (opcional)
- 1 cucharada de culantro o perejil picado
- Jugo de 8 limones
- Sal al gusto
- Pimienta al gusto
- 1 cucharadita de comino (opcional)
- 1 choclo desgranado y cocido (opcional)
- Papas sancochadas para acompañar

Preparación Paso a Paso
1. Limpieza del cushuro
Lavar el cushuro varias veces en agua fría hasta que pierda cualquier residuo de tierra o sedimento. Escurrir bien. El cushuro debe quedar firme, translúcido y de color verde intenso.
2. Preparación de los vegetales
Cortar la cebolla en pluma delgada. Enjuagar ligeramente para suavizar su sabor.
Picar los tomates, el rocoto (si se desea picante) y el culantro o perejil.
3. Mezcla de ingredientes
En un recipiente amplio combinar el chocho, el cushuro, la cebolla, el tomate y el culantro. Incorporar también el rocoto picado, si se desea un toque más intenso.
4. Sazonado
Añadir sal, pimienta y jugo de limón. El limón debe cubrir buena parte de la mezcla para lograr el efecto “cevichado”.
Opcionalmente agregar una pizca de comino para resaltar los sabores.
Mezclar con suavidad y dejar reposar entre 5 y 10 minutos para que los ingredientes se integren.
5. Servicio

Servir acompañado de choclo cocido y papas sancochadas. Puede añadirse un chorrito de aceite vegetal si se desea un acabado más suave.
Variaciones Tradicionales
- Versión ayacuchana: lleva ají amarillo licuado para darle color y más intensidad.
- Versión huancavelicana: se mezcla con hierbabuena picada.
- Versión puneña: incorpora queso fresco en cubos.
- Versión moderna: algunos cocineros añaden palta o quinua cocida.
Importancia Cultural
El cevichocho con cushuro simboliza la capacidad de los pueblos andinos de aprovechar los recursos de su entorno y convertirlos en platos nutritivos y accesibles. Refleja prácticas de recolección, técnicas ancestrales de desintoxicación del chocho y costumbres alimentarias de altura que se mantienen vivas hasta la actualidad.
Es un ejemplo claro de cómo la gastronomía peruana integra historia, geografía y cultura en recetas que han sobrevivido al tiempo y hoy se revaloran como alimentos saludables y sostenibles.