En Perú, el miedo no viene de disfraces ni películas. Viene del monte, de las minas, de los cerros y de los silencios. Son historias que no están en los libros, pero que todos conocen. Aquí te presentamos cinco relatos reales sobre seres que aún caminan entre nosotros… y que podrían estar más cerca de lo que crees.
Chullachaqa: El que se disfraza de tus seres queridos
Región: Selva
“Yo lo vi. Tenía la cara de mi hijo, pero no era él. Me miraba sin alma.”
Así empieza el testimonio de doña Felicita, en una comunidad cerca de Pucallpa. Su hijo había salido a buscar leña, pero no volvió. Al día siguiente, alguien con su rostro apareció en la chacra. Caminaba igual, hablaba igual, pero sus ojos eran como vidrio. Cuando intentaron acercarse, desapareció entre los árboles.
El Chullachaqa es un ser que cambia de forma. Puede parecer un mono, un árbol, o incluso alguien que amas. Se dice que imita para atraer, para perderte en el bosque. Algunos niños han seguido su voz y nunca regresaron. Otros volvieron… pero cambiados.
“Mi sobrino volvió después de tres días. No hablaba. Solo dibujaba árboles con ojos.”
Muqui: El dueño invisible de las minas

Región: Andes (minas)
En las entrañas de una mina en La Oroya, los trabajadores hacen una pausa cada viernes. No por descanso, sino por respeto. Ese día, dicen, el Muqui camina. Es pequeño, con ojos brillantes y dedos largos. Si lo ves, no debes hablar. Si lo ignoras, puede ayudarte. Pero si te burlas… mejor no vuelvas a entrar.
Don Eusebio, minero desde los 80, cuenta que un joven nuevo se rió del ritual de la coca y el aguardiente. Esa noche, se perdió. Lo encontraron dos días después, en una veta cerrada, con la piel pálida y los ojos abiertos como si hubiera visto algo imposible.
“El Muqui no mata. Te deja vivo para que cuentes lo que viste. Y nadie te crea.”
Jarjacha: El grito que quema
Región: Sierra
En Huanta, durante la fiesta de Todos los Santos, una mujer fue vista corriendo por los cerros. Tenía el cuerpo retorcido, la piel quemada, y gritaba como llama. La gente no se acercó. Sabían lo que era: una jarjacha. Se dice que quienes cometen incesto se transforman en este ser, mitad humano, mitad llama, mitad fuego.
Su grito no es solo dolor. Es condena. Aparece en las noches de velas, en entierros, en fiestas donde hay música y pecado. Algunos dicen que si escuchas su grito, debes rezar. Otros dicen que debes correr… pero nunca mirar atrás.
“Mi abuela decía que la Jarjacha no busca venganza. Busca que alguien la mate. Pero nadie se atreve.”
Pishtaco: El que te extrae la grasa

Región: Andes
En los años 90, en Pampas, Huancavelica, hubo miedo. Personas desaparecían en la carretera. Los cuerpos aparecían sin grasa, como si algo los hubiera drenado. Algunos decían que eran experimentos. Otros, que era el Pishtaco.
Este ser, a veces descrito como extranjero, aparece con botas, cuchillo y una sonrisa que no llega a los ojos. Se dice que vende la grasa humana, que la usa en rituales, que la transporta en frascos. Los niños eran advertidos: “No hables con el gringo. No aceptes caramelos.”
“Yo lo vi. Tenía una mochila grande. Me ofreció dinero por acompañarlo. Corrí. Nunca volví por ese camino.”